
En Francia, pese al gasto público y los programas sociales, ha habido un gran descontento social que ha generado fuertes protestas - Foto: AFP
El periodista Sergio Sarmiento aborda las distintas medidas sociales aplicadas por el gobierno francés y que han generado deuda, considera que tal situación podría repetirse en México.

Francia es el sueño de los políticos mexicanos de Morena. Tiene un gobierno que gasta mucho: 57 por ciento de su producto interno bruto, una de las mayores cifras del planeta. En México, en cambio, el gasto público representa apenas el 26 por ciento del PIB.
Francia tiene el mayor gasto social entre los países de la OCDE, el club internacional de las naciones ricas. Este representa el 30 por ciento de su PIB. En México los programas del Bienestar son el 2.5 por ciento, aunque cuando se añaden los programas de educación y de salud el monto total asciende a 11 por ciento. Aun así, es mucho menos que el país galo.
Francia cuenta con una semana laboral de 35 horas a la semana. México apenas acaba de adoptar legislación para reducir la semana laboral de 48 a 40 horas.
En México el gobierno viene de aumentar el número de días de vacaciones de seis a 12 al año. En Francia todo trabajador, desde el primer día en el empleo, tiene derecho a 25 días laborales de vacaciones pagadas al año, o sea, cinco semanas al año.

En México el sueldo mínimo es de 9,582 pesos al mes, alrededor de 463 euros. En Francia asciende a 1,867 euros antes de impuestos, lo cual equivale a 38,609 pesos al mes.
Francia es la aspiración de quienes hoy tienen el poder en México y que buscan aumentar el gasto del gobierno, elevar los programas sociales, reducir la jornada laboral, otorgar más días de vacaciones y aumentar el sueldo mínimo. Esto, supuestamente, elevaría la felicidad de los mexicanos y permitiría a los políticos mantenerse en los cargos de poder de manera indefinida… para enriquecerse como lo han hecho tantos integrantes de la 4T.
El que Francia haya alcanzado todos estos objetivos del populismo, sin embargo, no le está haciendo la vida más fácil al pueblo bueno francés. En los últimos días, de hecho, hemos visto una serie de manifestaciones violentas en que los jóvenes han protestado por la insuficiencia del gasto público y por la carestía.
Parte del problema es que Francia ha aumentado su gasto y sus programas sociales y reducido las obligaciones laborales sin incrementar la productividad. Al contrario, esta se ha venido reduciendo año con año. Francia carga ya con una deuda pública de 119 por ciento del PIB y paga 90 mil millones de euros al año en servicio de esa deuda, lo mismo que entrega anualmente al Ministerio de Educación.

La deuda mexicana en comparación con el producto interno es bastante menor, pero ha venido creciendo a paso acelerado. Pasó de 44.8 por ciento del PIB, antes del ingreso de López Obrador a la Presidencia, a 51,5 por ciento en 2026. Se espera que alcance el 55 por ciento en 2026.
Hay lecciones de la crisis francesa para los políticos mexicanos. Las medidas populistas compran votos durante algún tiempo, pero después llevan a la quiebra de cualquier país, incluso uno tan avanzado como Francia. Si México sigue repartiendo dinero en dádivas sociales y castigando la productividad, tarde o temprano terminaremos en una crisis. Ya lo vivimos tras la docena trágica del populismo de Luis Echeverría y José López Portillo, que nos llevó a la década perdida de los ochenta.